jueves, 16 de diciembre de 2010

La primera vez

Este relato es mi propia traducción de la versión original que escribí en inglés, y que está publicada en el blog con el título de Faramir's Youth. Cuenta la primera experiencia amorosa de Faramir, hijo del Señor Denethor en la novela El Señor de los Anillos de Tolkien. Al ser ésta la primera historia que escribí sobre este personaje, La juventud de Faramir pareció un título apropiado en aquel momento. Sin embargo, desde entonces he escrito otras, y me ha parecido necesario llamar a ésta de una forma más precisa. La sustitución del título original por el nuevo, La primera vez, es el único cambio que he hecho entre la versión original y su traducción al castellano.


Cuando Faramir tenía veinticinco años, las tropas del Señor Oscuro hicieron varias incursiones en Ithilien. Puesto que Boromir estaba luchando en el Sur en aquel momento, su hermano fue enviado para proteger Osgiliath y destruir las fuerzas del Enemigo. Hubo un largo combate, pues los soldados de Mordor eran numerosos y estaban bien armados, pero al final el hijo menor de Denethor logró rechazar el ataque y acorralar a los supervivientes en los claros de Ithilien. Pero su corazón estaba triste, porque había perdido muchos hombres, y a su regreso a Minas Tirith habló largamente con su padre de la amenaza creciente en el Este. Era tarde cuando se retiró a su aposento en la Ciudadela.


Era este aposento una hermosa estancia, con altas ventanas que miraban al Oeste y al Sur, sobre el flanco del Mindolluin y los hermosos valles de Gondor. Faramir lo había ocupado desde que era un hombre, y lo había convertido en su único refugio de paz y recreo. A un lado había un amplio lecho con cortinas de terciopelo, y al otro una mesa tallada en madera oscura, sobre la que reposaban algunos pergaminos y los libros que más amaba. Había un jarrón lleno de flores sobre la mesa, instrumentos de música se apoyaban en las paredes, y todas las armas y el equipo de guerra estaban guardados en baúles fuera de la vista.


Aquella noche Faramir se alegró de llegar a su habitación, pues la jornada había sido larga y tanto su cuerpo como su mente estaban cansados. La estancia estaba cálida; alguien había encendido un fuego, puesto una bebida caliente en su mesa, y el aroma de flores frescas llenaba el aire, pese a que sólo era el principio de la primavera. Faramir estaba a punto de lanzar un suspiro cuando oyó un ruido suave tras él. Se volvió y vio a una mujer, reclinada a medias en su cama y que le sonreía.

Era joven aún, apenas unos años mayor que Faramir, y su rostro era hermoso y amable. Su actitud era la de una mujer de alta cuna, pero parecía tímida y le sonrió de una forma vacilante, como si no estuviera segura de la reacción de él. Faramir vio ternura y miedo en sus ojos, y por alguna razón pensó en su propia madre; la piedad se sobrepuso a la irritación contra la intrusa y suavizó su rostro y su voz, al dirigirse a la mujer desconocida.

¿Quién sois, señora? ¿Y qué hacéis aquí?”

Soy Fíriel, hija de Herion, mi señor. El Señor Denethor me envió a vuestro aposento.”

¿Y os ordenó el Señor Denethor que os tendierais en mi cama para esperarme?” preguntó Faramir, no sin regocijo, aunque el corazón le doliera al oír esta noticia.

Lo hizo. Me dijo que os esperara, y que hiciera cuanto pudiera para complaceros. Le dije que lo haría, incluso si él no me lo hubiera ordenado.” Su rostro mostraba ansiedad, y Faramir pensó que no era por miedo a la reacción de su padre si ella fracasaba. La observó pensativamente, meditando sus palabras.

El Señor Denethor no os hubiera dicho sólo eso.” dijo al final, con una sonrisa alentadora. “¿Qué más os dijo?”

Ella pareció vacilar ante esta pregunta. Entonces bajó la vista un instante, y un leve rubor coloreó sus mejillas.

¿Querríais oír sus palabras exactas?” preguntó, mirándolo de nuevo a la cara.

Sí, lo querría.”

Dijo: 'Mi hijo tiene edad suficiente para tener un hijo, y no sabe nada de las mujeres. Es hora de que empiece a interesarse por ellas. Habéis sido elegida por vuestra experiencia y vuestra belleza, para enseñarle el placer y el consuelo que sólo las mujeres pueden aportar. Está cansado y lleno de pena tras muchos trabajos; ha combatido bien, y se ha ganado el derecho a divertirse. Necesita y merece la compañía que le envío.' Perdonadme, mi señor, pero ésas fueron sus órdenes.”

Faramir la escuchó atentamente, atendiendo a los sentimientos más que a las palabras de ella, y al final sonrió.

Sois una hermosa dama, eso es indudable; y sois sincera y generosa más aún que bella. ¿Pero cuál es esa experiencia por la que habéis sido escogida?”

He estado casada durante diez años. Belegorn era mi marido; murió hace dos años al servicio del Señor.”

Faramir lo sabía. Belegorn había sido un buen consejero y capitán, aunque él mismo nunca lo había conocido en persona, ya que vivía lejos en Belfalas.

Lo amabais, señora, ¿no es cierto?”

Así es. Era un buen esposo.”

Y sin embargo, estáis dispuesta a entregaros a otro hombre, al que no conocéis. ¿Que pensará de ello vuestra gente, señora? ¿Qué hay de vuestro honor?”

El Señor Denethor me dijo que cuidaría de que solamente honor y ninguna vergüenza surgieran de esto. Y si... fuese a tener un bebé, sería educado en la corte, siendo considerado como una prueba de que os complací y obedecí sus órdenes. No os preocupéis por eso, mi señor.”

Tal vez no, ¿pero qué hay de vuestros sentimientos? Fíriel, no quisiera que ninguna mujer se entregara a mí contra su voluntad, en aras de mi educación. Y no quisiera que me dierais placer en contra del deseo de vuestro corazón. Preferiría desobedecer las órdenes de mi padre y exponerme a su cólera.”

Mi señor, vuestro corazón es generoso y honorable, como corresponde al hijo de un Senescal. Pero Belegorn está muerto y no volverá a mis brazos, duerma en ellos otro hombre o no. ¿Y qué diríais a vuestro padre? Vos servís al Señor de Gondor peleando contra sus enemigos, aunque he oído que no sentís amor por la guerra. Si él quiere que yo lo sirva de otra forma, es mi deber hacerlo. ¿Qué podríais decir contra eso? Pero en este caso me alegraría obedecerle. Pues siempre he escuchado a la gente alabaros, mas ahora veo que ninguna de sus palabras os hace justicia. Podría amaros, mi señor, si me atreviera a ello; y aunque sé que no puedo traeros alegría, quisiera en verdad al menos reconfortaros.”

Faramir la miró con sorpresa. Las mejillas de ella ardían y sus ojos brillaban; casi había gritado las últimas palabras. Faramir se encontró con ganas de tomarla en sus brazos.

Fíriel, ¿por qué pensáis que no soy feliz? ¿Y por qué estaría fuera de vuestro poder el traerme alegría?”

Ella lo miró fijamente, preguntándose cuánto debería decir de lo que sospechaba.

Por lo que respecta a vuestra infelicidad, ésta es evidente. Pienso que una de las razones es que no queréis disgustar a vuestro padre, y sin embargo en vuestro corazón no podéis a veces estar de acuerdo con él. Cada vez que su voluntad y la vuestra se oponen, ya cedáis o no, debéis sufrir. Pero incluso sin eso, aun si vuestra madre viviera y la Sombra que se extiende cada vez más sobre nosotros se elevara de encima de Gondor, no sois el tipo de hombre que pueda ser feliz sin una pareja. Vuestro corazón ansía amar y ser amado.”

Esperó alguna reacción, pero Faramir se limitó a mirarla, pensativamente, y no dijo nada. Ella tenía razón; y aunque no lo había dicho, los dos sabían que no era la mujer para él. Pero Faramir se preguntó cómo podía ella percibir su mente con más claridad que él mismo. Siempre había deseado la compañía de alguien a quien pudiera confiar sus secretos más profundos, sus sueños y sus penas, alguien a quien pudiera amar y querer y hacer partícipe de sus pensamientos. Pese al afecto de su hermano y al amor de sus hombres, se había sentido solo en todos los años de su edad viril. Boromir era muy distinto de él, y no había nadie más en quien hubiera podido confiar como en un igual. Por eso nunca se había planteado seriamente el matrimonio: las mujeres en Gondor tenían su propia esfera, y no podían entrar en la de los hombres. Pero Faramir soñaba con una mujer que le acompañaría a la batalla, que compartiría con él la carga de gobernar, el miedo a la derrota, los trabajos y los peligros; y que sin embargo, también pudiera ayudarle a olvidar la guerra y la Sombra y trajera a su vida paz, alegría y la belleza de las cosas que amaba.

Poseéis una visión clara, Fíriel.” dijo al fin. Ella sonrió. La mayor parte de la gente en Gondor sabía que el Señor de la Ciudad no era demasiado amable con su hijo menor. Había oído muchas cosas sobre Faramir incluso antes de llegar a Minas Tirith; el resto lo había sabido fácilmente al verle. El hijo de Denethor no podía saber que en un hombre de su edad y rango, la falta misma de orgullo y alegría como los que mostraba su hermano era un signo de infelicidad. Sin embargo, le maravillaba la actitud de él, tranquila y cortés, aparentemente impasible excepto ante el dolor de otros. Y sólo un hombre afectuoso se habría preocupado por los sentimientos de una mujer enviada para darle placer.

Mi señor, ¿puedo aventurar que vuestro padre tenía razón? Necesitáis y merecéis mi compañía. ¿No queréis aceptarla?”

¿Debería hacerlo, Fíriel? Me daríais muchas cosas que son importantes para vos. ¿Sería justo aceptarlas sin devolveros algo de igual valor? Y sin embargo, ¿qué podría daros? Mi corazón no me pertenece cuando se trata de dirigirlo.”

Vuestro corazón, mi señor, sería un regalo demasiado grande. Empero si deseáis recompensarme, eso es fácil. Hay algo muy precioso que vos solo podríais darme.”

¿Qué es?”

Vuestra confianza.” dijo Fíriel, con gravedad. “Yo puedo tener una visión clara, pero aun así hay partes de vuestra mente que no osáis revelarme, ni a mí ni a nadie. Soy una mujer noble de Gondor, hijo de Denethor. Sobre mi honor, si alguna vez deseáis compartir vuestros pensamientos conmigo, os demostraré que soy digna de ello.”

Esta vez fue Faramir quien se ruborizó. Había estado ocultándole cada emoción que las palabras de ella habían provocado. Sin embargo, el acento de ella era inequívoco; él no dudó de que sería fiel a su palabra. Compartir su mente con ella sería una forma adecuada de mostrar su gratitud. Apenas hubo decidido esto, sintió un intenso deseo de acostarse y descansar; estaba agotado por las emociones del día.

Ella lo miró y vio aquiescencia en sus ojos; entonces se relajó, sonriendo con ternura.

Por favor, sentaos, mi señor.” dijo, haciendo un gesto en dirección al lecho. “No os hablaré más esta noche. ¿Queréis que os desvista?”


Unos días más tarde, Faramir estaba de pie en los muros de la ciudad, mirando al Este. Junto a él estaba Boromir; acababa de regresar tras una gran victoria en el Sur.

Oí que padre te envió una mujer para iniciarte en las artes del amor. ¿Qué tal fue?” preguntó Boromir.

Era encantadora. Le pedí a padre si podía conservarla cerca de mí. Está en mi casa ahora.” Faramir hizo una pausa, y luego miró a su hermano. “Boromir, ¿tú tuviste una iniciación así cuando eras más joven?”

Sí. Tenía menos años que tú ahora cuando padre me envió una mujer.”

¿Qué tal fue la experiencia?”

Pasé una noche con ella. No fue desagradable, pero prefiero conservar mis fuerzas para el combate. Mucho más excitante en mi opinión, y hay más gloria que ganar.”

Faramir sonrió, pero sacudió la cabeza.

No pensamos igual en esto, según veo.” dijo Boromir, también sonriendo.

No, en efecto.” dijo Faramir. “Sabes que yo no combatiría, ni desearía combatir, si ningún enemigo amenazara nuestras tierras. Empero creo que podría amar a una mujer más de lo que nunca he amado nada: la música, los libros, e incluso la Ciudad de los Hombres de Númenor.”

Más valdría entonces que ella fuera leal a la Ciudad, o te convertirías en un peligro para todos nosotros.” rió Boromir. “Pero nunca he sentido por ninguna mujer lo que padre sentía por madre.”

Tampoco yo,” dijo Faramir “pero espero hacerlo algún día.”

FIN


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